Perú elige al tercer presidente en una semana en medio de manifestaciones

No se esperaba que el nombramiento de Francisco Sagasti como presidente calmase inmediatamente la ira popular contra los legisladores del país, a quienes muchos peruanos consideran corruptos y responsables de los disturbios.

El Congreso de Perú seleccionó el lunes al tercer presidente del país en una semana, con el fin de frenar las crecientes protestas callejeras encendidas tras la decisión de los legisladores de destituir a un presidente popular la semana pasada.

Al dirigirse a la nación, el nuevo líder del país, Francisco Sagasti prometió ayudar al país a alejarse de la amargura y a “que sea un momento de alegría, de esperanza”.

Pero no se esperaba que la decisión de nombrar a Sagasti, ingeniero, académico y por primera vez legislador, como el nuevo presidente del país aplacara inmediatamente la ira popular contra los legisladores del país.

Muchos en el Perú consideran que los legisladores son deshonestos, corruptos y responsables de añadir agitación política a las crisis económicas y de salud pública que el país ya enfrenta.

El problema al que se enfrentan ahora los peruanos es que ese mismo Congreso, profundamente impopular e inexperto, está encargado de sacar al país de estas emergencias.

“Dios quiera que hoy por fin elijan una mesa directiva”, dijo Eduardo Carita, de 47 años, mientras caminaba hacia el Congreso el lunes para unirse a una protesta justo antes del anuncio, “pero sinceramente yo no confío más en ellos”.

Perú elige al tercer presidente en una semana en medio de manifestaciones

Las tensiones políticas de Perú estallaron en un conflicto abierto la semana pasada, cuando el Congreso utilizó una arcaica cláusula constitucional para destituir a Martín Vizcarra, un presidente muy querido, por “incapacidad moral”, a solo cinco meses de las nuevas elecciones.

Vizcarra se había ganado el apoyo de la mayoría de los peruanos —y la enemistad de gran parte de la legislatura— al encabezar los esfuerzos para acabar con el notoriamente corrupto poder establecido del país. Aproximadamente la mitad del Congreso está siendo investigada por delitos que incluyen el soborno y el lavado de activos.

Su inesperada destitución del cargo y la rápida toma de posesión del nuevo presidente, Manuel Merino, el presidente del Congreso, dejaron a los peruanos que sufren de una grave crisis económica y una de las tasas de mortalidad por coronavirus más altas del mundo, en manos de un líder que pocos conocían o confiaban.

La población derramó su ira en las calles y Merino renunció después de menos de seis días completos en el cargo. Al menos dos personas murieron durante las protestas del fin de semana.

Sagasti, que también es desconocido para la mayoría de los peruanos, está entre los pocos políticos que votaron en contra de la destitución de Vizcarra la semana pasada, lo que puede ganarle el favor de numerosos peruanos.

Pero ahora se enfrenta a la tarea de trabajar con el Congreso, un cuerpo unicameral de 130 personas formado en su mayoría por legisladores novatos.

Perú elige al tercer presidente en una semana en medio de manifestaciones

Aproximadamente 68 de los 130 congresistas están siendo investigados por actividades que incluyen fraude y otros tipos de corrupción. Un legislador está acusado de homicidio, y el juicio está programado para finales de este mes. Otra está acusada de haberse candidatizado con un nombre falso para ocultar sus problemas legales del pasado.

Otra llegó a los titulares esta semana, poco después de la destitución de Vizcarra, cuando accidentalmente dijo que continuaría trabajando “a favor de la corrupción”. (Se corrigió rápidamente para decir que trabajaría en contra).

El Congreso de Perú se ha convertido en un “cóctel molotov”, hecho con ingredientes inestables mezclados durante años de políticas equivocadas, dijo Hugo Ñopo, investigador senior del instituto de análisis Grade, con sede en Lima.

El primer ingrediente, dijo Ñopo, era un sistema de partidos débil y fragmentado que alentaba a los políticos a cambiar las alianzas para adaptarse a sus intereses, en lugar de seguir ideologías.

El segundo era la falta de límites estrictos en la financiación de las campañas, lo que permitía a las empresas verter dinero en los candidatos y comprar influencia. Y el tercero fue un referéndum en 2018, aprobado por los votantes, que limitó el servicio en el Congreso a un solo período.

Esta última medida tenía como objetivo ayudar a eliminar a los malos actores de la política, dijo Ñopo. En cambio, los que ahora están en el cargo “tienen menos incentivos para crear estabilidad o para tomar buenas decisiones”, dijo. “De hecho, ahora tienen más incentivos para robar más rápidamente”.

Alexandra Ames, analista política en Lima, dijo que los eventos de los últimos días son solo un síntoma de un problema mayor.

“La precariedad de nuestro sistema electoral y de nuestros partidos políticos nos ha llevado a una crisis permanente de legitimidad”, dijo.

En los últimos cuatro años, el país ha sido testigo de cinco intentos de destitución del presidente, un intento exitoso de disolver el Congreso y cuatro presidentes de la República.

Parte del problema, dijo Ames, es que la legislación peruana permite que cualquiera se presente a las elecciones al Congreso, sin restricciones basadas en los antecedentes penales.

Ahora, dijo, con solo un mandato, los congresistas tienen todos los incentivos para pasar su limitado tiempo en el poder impulsando agendas personales en lugar de gobernar. “Los incentivos son muy cortoplacistas y egoístas”.

El Tribunal Constitucional, que debe proporcionar la última línea de defensa en tiempos de crisis política, ha estado notoriamente silencioso durante las batallas políticas de las últimas semanas, dijo Ames.

Cuando se le preguntó por qué, señaló que sus miembros son elegidos por el Congreso.

Lo que es quizás más notable de los eventos de los últimos días es que los políticos parecen haber escuchado a los manifestantes.

Muchos de ellos eran jóvenes que han perdido su trabajo o se han visto obligados a abandonar la escuela en medio de la pandemia.

El lunes, justo antes de que los legisladores votaran por Sagasti, Silvia Miranda, de 52 años, estaba en la calle junto al edificio del Congreso, donde se se dedica a cambiar divisas.

“Los ciento cinco congresistas que votaron a favor de la vacancia no pensaron en los peruanos,” dijo. “El Congreso nos ha engañado a nosotros los adultos, pero a los jóvenes ya no los van a engañar”.

Elda Cantú, Rosa Chávez Yacila y Mitra Taj colaboraron con este reportaje.

Julie Turkewitz es la jefa de la oficina de los Andes, que cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. Antes de mudarse a Sudamérica, fue corresponsal nacional y cubría el oeste de Estados Unidos. @julieturkewitz


Source: The New York Times

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